Antes de enseñarle a la IA a sonar como yo, tuve que descubrir qué hacía que mi voz fuera mía.
A los veintiún años lancé mi primer negocio desde una habitación rentada en Nueva York, sin capital y con mucha hambre. De ahí salieron las siete cifras, las conferencias, los libros y las certificaciones.
Pero llevo décadas metido en un solo tema, y ese tema es la identidad. Miles de personas en varios países, en tarima y en privado, trabajando en quiénes son antes de trabajar en lo que hacen.
En todos esos años aprendí una distinción que hoy vale más que nunca: saber mucho no es lo mismo que tener voz propia. Puedes seguir la fórmula que funciona, decir las palabras correctas, y aun así no sonar a ti.
Cuando llegó la inteligencia artificial, vi al mercado entero cometiendo el mismo error de siempre, ahora a velocidad de máquina. Le entregan a un robot la voz, el criterio y el alma para ahorrar tiempo, y lo que sale es correcto, ordenado y de nadie.
Se delega la ejecución. Jamás la esencia.
Por eso creé esta clase. Para que pongas suficiente de ti adentro de la IA, y lo que salga de ahí siga sonando, pensando y sintiéndose como tú.